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La vida y otros cuentos


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El hombre misterioso

Cada vez que Margarita vuelve al pueblo que le vio nacer, no puede evitar recordar el suceso que allí tuvo lugar aunque hayan pasado ya diez años.  

Es de Pocillo de las Torres, un pequeño pueblo, de pocos habitantes, situado en la comarca leonesa de El Bierzo. Lugar privilegiado que brilla con luz propia y donde se ven paisajes únicos en los que el terreno arcilloso combina con la extensa vegetación, así como terrenos abruptos de pizarra o caliza que impresionan. 

La familia de Marga, como la llaman en casa, es de los mayores hacendados de la comarca. Tienen tierras de labranza y una buena situación económica. Ella es la pequeña de los tres hijos que han tenido Eulalia y Ramón, sus padres. Remedios, la segunda y Francisco el mayor. Y la más bonita, alta, esbelta, con los ojos de color del cielo y una mirada que cautiva.

Al terminar los estudios primarios se fue a León para hacer el bachillerato y después a Madrid para continuar en la Universidad Complutense donde se licenció en Ciencias Empresariales. Durante ese tiempo, vivió en casa de su hermano, un chalet cerca de Puerta de Hierro. Francisco, dominaba las finanzas y tenía pingües beneficios. Cuando podía y tenía algo de tiempo a Marga le gustaba volver al pueblo. Cualquier momento era bueno para estar allí con sus padres y su hermana Remedios. 

Su abuela, Jacinta, una anciana de cabellos blancos, menuda y de cara bondadosa, siempre la esperaba con los brazos abiertos. Era la matriarca de la familia y el gran apoyo de su hija Eulalia. La anciana gozaba de un gran patrimonio. Su casa estaba al final de la calle principal. Era la mejor casa del pueblo, grande y con un cuidado jardín. A Marga le gustaba estar con ella, disfrutaba escuchando historias de su juventud.

Una de las noches que salió de su casa  para ir a la de sus padres, vio por la acera de enfrente a un hombre desconocido concaminar acelerado. Vestía un abrigo largo y llevaba un sombrero de ala ancha que ocultaba su identidad. La noche estaba oscura y el viento soplaba con fuerza por lo que Marga aceleró el paso para llegar a casa cuanto antes. Nada más entrar se lo comentó a su madre.

—Mamá, he visto a un hombre, que no es del pueblo, con un aspecto misterioso. Sombrero calado para no verle la cara y caminando muy rápido. No me ha gustado nada.

—Será algún forastero que ha venido para la matanza que comenzará dentro de unos días.

Marga no dijo nada más y se marchó a su habitación dándole vueltas a la cabeza.

Pocillo de las Torres era un pueblo tranquilo en el que nunca pasaba nada, nunca hasta aquel momento, porque la calma predominante se vio perturbada por la presencia del forastero misterioso.

Los días siguientes el hombre seguía en el pueblo, siempre solo, sin hacer nada fuera de lo común, con el mismo abrigo y el mismo sombrero, pero alguna de las noches le vieron, acechando, dentro de un coche de color negro.

La gente se preguntaba quién era y qué estaba haciendo allí. Los rumores se extendieron rápidamente por todo el pueblo. Algunos decían que era un ladrón que buscaba robar la casa de la rica anciana del final de la calle, mientras otros pensaban que venía buscando a alguien del lugar. Todos observaban en silencio sus movimientos, pero nadie se atrevía a confrontarlo. Los días pasaron y el hombre seguía allí. La tensión cada vez se hacía más palpable. Jacinta se fue a vivir esos días a casa de su hija para estar más segura.

Una mañana de la semana siguiente a su llegada, el hombre misterioso desapareció sin dejar rastro. Marga fue a  casa de su abuela para asegurarse de que todo estaba bien, pero descubrió algo aún más misterioso. La puerta de la casa estaba abierta y dentro encontró la caja fuerte vacía y una nota que decía «Lo siento, tuve que hacerlo…»

Se quedó en shock, vio cómo habían desaparecido todas las joyas y una importante suma de dinero que su abuela guardaba. Una  pregunta permanecía en su mente: ¿Era el hombre misterioso el que robó en la casa de la abuela?, ¿por qué lo hizo?

La intriga y el misterio continuaron desafiando durante semanas no solo a la familia de Marga, también a los habitantes del pequeño pueblo y a la guardia civil que investigó el caso, pero nunca se logró saber más del hombre misterioso. 

Tiempo después, cuando Margarita conoció a la novia de su hermano Francisco, se dio cuenta de que una de las joyas que lucía en la muñeca era la pulsera de oro y brillantes de su abuela Jacinta. En ese momento, recordó cuando vivía con él en su chalet de Puerta de Hierro, lo mucho que le gustaban los juegos de azar “online”. Observaba cómo gastaba importantes sumas de dinero. Ella lo veía como una adicción que su hermano no quería reconocer. Se volvió muy retraído y salía poco de su casa. Su mayor interés era estar frente al ordenador.


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Viaje a los Fiordos

Después de contratiempos inesperados que hemos tenido este verano, finalmente, hemos podido hacer este viaje que desde hace tiempo queríamos realizar.

Día.-1 Tomamos el vuelo con destino a Oslo, capital de Noruega.

Ha sido un vuelo muy tranquilo llegando antes de la hora prevista. Y he sentido un placer inmenso, ver nuevamente las nubes, desde la ventanilla del avión, como si fueran algodón, como si fueran nieve, volviendo a disfrutarlas.

Salimos del aeropuerto y nos estaba esperando el guía que íbamos a tener durante todo el viaje. Nos recibió un clima diferente al que habíamos dejado en Madrid con nubes oscuras que presagiaban lluvia. Nos fuimos conociendo todos los que íbamos a formar parte del grupo durante el viaje. Subimos al autocar con dirección a Hamar, primera parada en esta ciudad de entrada a los fiordos.

Hamar es una ciudad que tiene el lago más grande de Noruega, el lago Mijosa. Hace años era una importante ruta de transporte, hoy es solo navegable para barcos de placer y rutas de turismo. Se fundó por primera vez en el siglo XI, como ciudad residencial de obispos. Fue la única ciudad medieval en Noruega. Cuando llegamos, aunque estaba lloviznando pudimos dar un paseo por la orilla del lago y caminar por la ciudad que es la más grande del interior del país.

Después del paseo y de acomodarnos en el hotel, pasamos a la cena con una agradable conversación de todos los componentes del grupo.

Día 2.- Laerdal. Comenzamos el día con un típico desayuno escandinavo y nos dirigimos a la Noruega más bella, hacia Laerdal, en pleno corazón del fiordo de los Sueños. Durante el trayecto, nos explica el guía que Noruega tiene cinco millones y medio de habitantes y es un país en el que solo el 3% se dedica a la agricultura. Su principal riqueza es el petróleo y tiene noventa y seis mil lagos. Pasamos por el túnel más largo de Europa con 24 kilómetros y medio de longitud.

Las casas de madera son una de las construcciones más típicas de Laerdal. Hoy son tiendas de decoración y restaurantes. Imprescindible visita a la iglesia de madera de Borgund. Impresionante construcción que data del siglo XII y es de las pocas iglesias de madera que quedan en el país.

Seguimos el camino para comer en Gudvangen y hacer el crucero por el fiordo Sognefjord, o fiordo de los Sueños. Este pequeño pueblo es muy popular para el turismo, ya que es un puerto de escala para el recorrido de los fiordos.

La comida ha sido muy divertida y cada vez vamos cogiendo más confianza en el grupo. Un vez finalizada, vamos hacia el puerto. Este fiordo es el más largo y profundo de Noruega con 1.308 metros de profundidad. Nos ofrece unos paisajes impresionantes que nunca antes habíamos contemplado.

Dos horas disfrutando de un espectáculo de naturaleza nunca visto y la llovizna que ha caído durante todo el día, nos ha respetado.

Sigue la belleza del paisaje en el hotel que nos alojamos en Laerdal, que está a los pies del fiordo, con unas vistas maravillosas y una cena fantástica.

Día 3.- Tren de Flam Después de un descanso reparador y un buen desayuno, salimos para hacer la excursión del tren de Flam. Durante el trayecto seguimos disfrutando del precioso paisaje que nos rodea. Las nubes queriendo quedarse entrelazadas en las montañas y un cielo azul queriendo abrirse paso.

Llegamos a Flam, un pequeño pueblo situado al fondo del fiordo Aurlandsfjord rodeado de paisajes maravillosos. Fuimos a la estación donde nos estaba esperando una de las principales atracciones del país, la excursión en el famoso Tren Flamsbana. Se dice que es uno de los viajes en tren más bonitos del mundo. Comenzó su construcción en el año 1923 y terminó en 1940. Parece ser que es una de las mayores obras de ingeniería de Noruega.

Acomodados, ya en el tren, comenzamos la excursión que tiene una duración de una hora y va desde el nivel del mar de Aurlandsfjord hasta la estación de montaña Myrdal situada a 866 metros sobre el nivel del mar. Es un viaje para los sentidos. El tren hace parada en La cascada Kjosfossen, impresionante, donde podemos contemplar la caída continua del agua a la vez que una bailarina vestida como un legendario Huldra, canta y baila una típica canción noruega frente a la cascada. Durante los veinte kilómetros de viaje, atravesamos un buen número de túneles que atraviesan las montañas y la mayor parte del trayecto discurre por una pendiente de un 5,5%. Desde la ventanilla admiramos paisajes salvajes, únicos, ríos caudalosos con grandes desfiladeros, montañas y casitas en los bosques siendo de lo más bonito de los fiordos noruegos. Coincidimos todos en que ha sido una excursión inolvidable.

Continuamos viaje hacia Bergen, corazón de los Fiordos.

Bergen tiene 275.000 habitantes y es la segunda ciudad más grande del país, donde llueve, al menos, 200 días al año. Tuvimos suerte cuando la visitamos porque el sol fue protagonista con buena temperatura. Tiene a su alrededor siete montañas y está bañada por dos fiordos. La mitad del centro de la ciudad es terreno quitado al mar. Es una ciudad con mucho encanto y muy urbanita al tener un número importante de estudiantes, lo que garantiza gran ambiente en los bares y terrazas al aire libre.

Disfrutar de toda la ciudad desde el mirador del monte Floyen es una de las maravillas que podemos contemplar. Otra maravilla son las casas Hansas, casitas de madera de colores tan características de Bergen que están en el barrio llamado Bryggen desde el siglo XIV. En aquella época eran residencia de «el Hansas», un gremio de comerciantes de bacalao. Hoy el barrio es Patrimonio de la Humanidad y las casas están dedicadas a tiendas turísticas y restauración.

Otro sitio que no hay que perderse es el Mercado del Pescado. Está en el puerto de la ciudad con una gran animación de puestos y terrazas para degustar pescado del país, como el salmón o la ballena. Hay puestos en los que tienen huevas del más variado pescado envasadas al vacío para poder llevarlas sin que se estropeen. Pasamos una tarde muy agradable degustando esos productos.

Día 4.- Nos disponemos a continuar disfrutando de este viaje tan especial en cuanto al paisaje, al clima, que nos está respetando, y al grupo de compañeros y compañeras con los que compartimos, risas, charlas, comidas. Ha sido una suerte que no siempre se da.

Hoy nos adentramos en la región de Geilo, una zona de montaña muy reconocida por las estaciones de esquí. En el trayecto, seguimos quedándonos impresionados con la belleza del paisaje. Las cámaras de los móviles no dan a basto para guardar tanta belleza.

Hacemos una parada para ver la cascada Voringfossen, situada en lo más alto de Mäbodalen en el municipio de Eidfjord. Tiene una caída de 182 metros con caída libre de 145 metros. Está considerada como una de las mas bellas de Noruega. El gran puente peatonal escalonado que tiene sobre la cascada dicen que es solo para valientes y nosotros lo fuimos. A 150 metros de altura tuvimos unas vistas excepcionales aunque con algo de inquietud al sentir el puente moverse. Simplemente, espectacular.

Continuamos el viaje para comer en Geilo, una localidad rodeada de cordilleras montañosas que en inverno se convierte en estación de esquí. Nos deleitan con una comida estupenda y un salmón exquisito. Al finalizar damos un paseo por los alrededores viendo el bonito paisaje de las pistas de esquí que ahora, en verano, están llenas de vegetación.

Llegamos a Oslo al atardecer y nos recibe el sol con un cielo azul. La primera imagen que vemos es la del fiordo con numerosos barcos atracados en el puerto.

Comentamos, durante la cena, el clima tan bueno que estamos teniendo y llegamos a la conclusión que donde vamos los españoles llevamos el sol y el buen tiempo. Una velada muy agradable con risas y muy buena conversación.

Día 5.- Oslo. La capital de Noruega está situada en la costa sur en la cabecera del fiordo. Desde el año 1624 hasta el 1897 se llamó Christiania y Kristiania desde 1897 hasta 1925. El nombre original de Oslo fue recuperado en julio de 1924 y se hizo efectivo el 1 de enero de 1925. Es la ciudad más poblada de Noruega. Es una ciudad moderna, con numerosos museos sin olvidar el que tiene el original del cuadro «El grito» de Edvard Munch dedicado al artista. Su patrimonio histórico es pobre al ser, en varias ocasiones, desde la Edad Media, incendiada, aunque siempre fue reconstruida. En la segunda guerra mundial también fue objetivo clave en la invasión alemana de Noruega, ya que los nazis necesitaban ocupar el puerto para el suministro de sus tropas. A pesar de ello, consiguieron sacar del país a un número considerable de judíos. Está el monumento de las sillas en memoria de los judíos. Es muy emotivo verlas expuestas en el parque. Continuamos la visita por la ciudad viendo la original Casa de la Ópera de Oslo construida en el año 2008. Se encuentra en el centro de la capital, junto al fiordo y se puede caminar por su tejado. Una construcción realmente original.

La zona oeste es de las más bonitas de la ciudad. Pasear por sus barrios es una delicia. Edificios que parecen copiados de París o de la ciudad alemana de Dresde, según nos comenta la guía local que nos acompaña. Entrar en la ciudad con automóvil, desde el año 2019, está muy restringida, pagando cantidades importantes dependiendo del tipo de vehículo.

Desde allí nos trasladamos al parque más sorprendente que tiene esta ciudad. Se llama parque Vigeland en honor al arquitecto noruego Gustav Vigeland. El parque recoge su gran obra, más de doscientas esculturas, realizadas en piedra y bronce, relacionadas con el proceso de la vida. Cuando vi las puertas de hierro forjado de la entrada me recordó al parque de El Retiro de Madrid. Es un gran espacio de flores y vegetación en el que se puede pasear admirando las esculturas y disfrutando con tranquilidad del paisaje.

Una vez terminada la visita con la guía local, nos dirigimos a ver la ciudad por nuestra cuenta.

Oslo tiene una calle principal llamada Karl Johans que parte desde el Palacio Real y finaliza en la estación central de tren. Se llama así en honor al rey Karl Johan. Frente al Palacio Real se puede ver también una escultura que le rinde homenaje. El Palacio Real nos sorprendió por su fácil acceso y poder pasear por sus jardines. Cuando la bandera ondea encima del palacio, es la consigna para saber que los reyes están allí.

A lo largo de la calle hay numerosas terrazas y cafeterías con un día de sol fantástico, incluso con algo de calor. Hay mucho ambiente, con mercadillos de artesanía y muchas tiendas de moda. Está el Parlamento, la Catedral y el teatro Nacional.

El 10 de diciembre de cada año, en Oslo, se otorga el premio Nobel de la Paz. La ceremonia se hace en el Ayuntamiento. El edificio es muy original, modernista y se inauguró en el año 1950 aunque su construcción comenzó en 1930, pero la invasión nazi frenó su finalización.

Ha sido un día muy hermoso, en muy buena compañía, con sol y mucha luz. Quien lo diría en esta tierra de frío y nieve. El hotel nos acoge con una cena reconfortante y una agradable tertulia.

Día 6.- Nuestro viaje va llegando a su fin, dejando atrás la tierra de los fiordos. Hoy es el día que cambiamos de país. Nos dirigimos a Suecia, otro país de los que conforman los países nórdicos. Llaman a Suecia el país de las islas. Tiene 21.000 islas. La religión mayoritaria es la luterana. En concreto, vamos a Estocolmo, su capital. En el trayecto, se va viendo el cambio en el paisaje, muy diferente al que nos ha acompañado.

Hacemos un alto y nos paramos en Karlstad, una bonita y pequeña ciudad del condado de Värmland bañada por dos grandes cursos de agua natural, la del río Klara y el gran lago Vänern con su archipiélago de numerosas islas. La llaman la ciudad del sol en Suecia, al ser una de las más soleadas del país. En ella nació la primera mujer ganadora del nobel de literatura, la escritora Selma Lägerlof.

Caminamos a pie por ella y en la plaza principal nos encontramos con una estatua que representa a una mujer con una espada rota levantada en el año 1955 para conmemorar los 50 años de la disolución pacífica entre Noruega y Suecia. Nos comentan que la estatua está considerada por muchos como la más fea de Suecia. Para gustos….. jejeje

Llegamos a Estocolmo alojándonos en un céntrico hotel con estación de metro cerca. Después de acomodarnos y cenar, decidimos, parte del grupo, salir a ver y disfrutar de la ciudad por la noche. Cogemos el metro hasta el centro y nos bajamos en la estación de Gamla Stan donde se ubica el barrio del mismo nombre. Este barrio está situado en el casco antiguo de Estocolmo. Sus calles están hechas para caminar y entretenernos en todas las tiendas aunque ya están cerradas. Tiene muchas plazas con restaurantes y cafés que antes eran antiguas tabernas. A pesar de ser fin de semana, la noche no tiene demasiado ambiente, aunque sí mucho encanto pasear por sus callejuelas. Nos paramos en un café a tomar unas copas pero duró poco porque ya estaban cerrando. No nos ha importado que no hubiera mucho ambiente porque la diversión ya la llevábamos nosotros. Ha sido una noche estupenda de risas y confraternidad. Llegamos al hotel con la sonrisa en la cara encantados de la complicidad y el compañerismo que hemos tenido.

Día 7.- Estocolmo, capital de Suecia, está sobre 14 islas y tiene el tercer lago más grande de Suecia, el lago Mälar que desemboca en el mar Báltico. La primera mención de la ciudad la sitúan en el año 1252 en la pequeña isla de Stadsholmen que hoy se llama Gamla Stan y no es hasta el año 1436 que Estocolmo se proclama capital de Suecia. Actualmente, tiene unos dos millones de habitantes. Está rodeada de naturaleza al tener una tercera parte de la ciudad formada por parques. Es de una gran belleza en la que se conjuga muy bien su parte histórica y su parte moderna.

Comenzamos haciendo un recorrido por la zona más moderna de Estocolmo, su larga avenida Drottninggatan, llena de edificios modernos y centros comerciales. Esta avenida termina en la plaza Hötorget donde está la sala de conciertos más grande de la ciudad. De allí nos vamos al puerto de Stadsgärden. Aunque la ciudad tiene alrededor de siete puertos, este es el más importante de todos ellos. Es de una belleza espectacular al estar rodeado de edificios antiguos. El Palacio Real de Estocolmo es uno de ellos. Desde el Palacio hay unas vistas maravillosas del puerto. A orillas del mar Báltico vemos el museo de fotografía más importante de Estocolmo, Fotografiska.

Finalizamos la visita guiada llegando al casco antiguo de Estocolmo, Gamla Stan. A la luz del día cambia absolutamente. Las calles tienen mucha vida, mucho turista y pasear por ellas a veces se hace difícil. Nos quedamos en la plaza Stortorget donde están los preciosos edificios del siglo XVII pintados de colores muy alegres. Dentro del casco antiguo podemos ver la catedral de San Nicolás o el museo Nobel que abarca toda la historia de los premios. En el Ayuntamiento de Estocolmo que data del año 1923, es donde se celebra el banquete anual con los premiados.

El pasear por el día en esta zona de Estocolmo es totalmente diferente a la noche. Llena de vida, de gente, de tiendas abiertas en las que nos vamos parando para comprar algunos regalos. Las terrazas abiertas es otro de los atractivos de esta ciudad de gran belleza.

Después de comer fuimos paseando por los parques de la ciudad en la que albergan conciertos, mercadillos de artesanía e infinidad de terrazas alrededor de ellos. La tarde se puso algo lluviosa y nos quedamos en uno de los cafés del puerto admirando toda su belleza.

Llegamos al hotel a cenar y preparar el equipaje para el día siguiente salir hacia el aeropuerto, no sin antes tener una buena tertulia con las vivencias, las anécdotas, la magnífica convivencia que hemos tenido durante el viaje.

Día 8.- Después de desayunar en el hotel, nos recoge el autocar. Salimos rumbo a España sin retraso y llegamos puntuales.

Vamos llenos de imágenes en la retina, con un gran cariño hacia el grupo tan estupendo que hemos tenido. El viaje ha sido fantástico, pero con un añadido muy importante, la calidad humana de todos que comenzamos siendo compañeros y finalizamos siendo amigos. Inolvidable.


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Madrid, Madrid, Madrid

Hoy, día de San Isidro, patrón de la ciudad de Madrid, es fiesta en la capital y madrileños y madrileñas salimos a divertirnos con los trajes típicos. Chulapas, chulapos, goyescas, goyescos paseando por la pradera de San Isidro tomando unas rosquillas del santo llamadas «tontas, listas y de Santa Clara», o marcándonos un chotis en un baldosín «como está mandao» en la Plaza Mayor.

No puede faltar la tradición de beber del agua del santo y comer un buen cocido madrileño, costumbres muy castizas de Madrid. Días de diversión que finalizan hoy, el día grande de Madrid, ciudad abierta, plural, de acogida en la que nadie pregunta a nadie de dónde viene ni de dónde es. Os invito a ver el vídeo:

Vídeo, con 17 premios internacionales, «Flamenco Madrid 2017», presentando la llegada de unos visitantes muy especiales descubriendo lugares emblemáticos de Madrid.

¡¡¡ VIVA MADRID!!!!


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Viaje al infierno

Gaby salía encantada por el éxito que había tenido la jornada de ayuda a las mujeres víctimas de trata que había organizado a través de la asociación que ella preside. Junto a Irina, Ángela y Sofía, después de haber superado las tres su terrible experiencia, han construido unas vidas positivas que sirven de guía y apoyo a esas mujeres. El objetivo es darles un futuro a todas ellas que hasta ese momento se les había negado. 

Actualmente, es feliz; vive con su madre en un pueblo cercano a Madrid. Pero sus inicios, cuando llegó a España, fueron muy duros.

Nació en Sandomerz, un pueblo al norte de Polonia bañado por el río Vístula. Hija única, de familia humilde, su padre las abandonó a ella y a su madre, Olga, cuando tenía tres años. Olga, de expresión triste y consumida por la escasez, tuvo que ponerse a trabajar en diferentes sitios para poder sacar adelante a su hija.  Gaby se crió con muchas carencias por la gran precariedad económica que había en su casa. Con dieciocho años trabajaba en lo que podía y su carácter rebelde la hizo  involucrarse en manifestaciones, participando activamente en movimientos contra el Gobierno de su país. Por las redes sociales conoció a Boris, un ciudadano ruso de 40 años, fuerte complexión y muy simpático. Residía en Madrid y comenzaron a escribirse por whatsapp. Poco a poco la amabilidad de  Boris hizo que Gaby confiase en él ciegamente contándole lo mal que lo estaba pasando y las necesidades que tenía su familia.

—Yo te puedo ayudar, querida Gaby. 

—¿Cómo?

—Tengo contactos aquí y te puedo buscar un buen trabajo.

—Pero  no tengo dinero para el viaje.

—No te preocupes, yo te sufrago los gastos y ya me lo pagarás.

Gaby, anhelando poder salir de su pueblo, creyó en las promesas de Boris y decidió partir hacia España dejando a su madre sola, pero prometiendo que la ayudaría y conseguiría que se reuniese con ella lo antes posible. Cuando llegó a Madrid, Boris la estaba esperando en el aeropuerto. No se conocían en persona, solo a través de videollamadas o fotografías que se mandaban por correo. Cuando la vio llegar se quedó sorprendido al tener delante una mujer rubia, exuberante, de pechos grandes, caderas rotundas y buena estatura. La abrazó dándole dos besos sonoros en las mejillas. Ella se quedó encogida porque no se esperaba tan caluroso recibimiento.

—Vamos al coche —le dijo indicando la puerta de salida—. No puede estar aparcado más de quince minutos.

Ella iba deprisa observando todo con mucha atención; las idas y venidas de la gente, el tránsito que había le llamaban la atención al no haber estado nunca en un aeropuerto tan grande.

Cuando bajó del coche y Boris le señaló donde tenían que ir, se quedó muy sorprendida y algo asustada. Era un bar de copas situado en una calle a espaldas de la Gran Vía que, en aquel momento, se encontraba cerrado. Abrió la puerta con la llave que tenía en el bolsillo y la invitó a entrar. 

Era un sitio oscuro, con una decoración de estilo retro, con luces tenues que invitaban a la conversación íntima. Sofás de terciopelo rojo y un escenario con barra vertical de tubo acerado para realizar actuaciones. En las paredes algunos murales pintados con temática sexual y varias mujeres por allí con poca ropa  en plan soñoliento.

—¿Por qué me has traído a este lugar, Boris?

—Te dije que te iba a encontrar trabajo y aquí lo tienes. Te podrás ganar la vida y comenzar a pagarme lo que estoy haciendo por ti. 

Gaby se quedó estremecida con la respuesta.

—No fue eso en lo que quedamos —contestó con voz trémula casi a punto del llanto.

—Por supuesto que sí. Te dije que te iba a ayudar y aquí lo tienes. Un trabajo, refugio y un sueldo que me tendré que quedar hasta saldar tu deuda conmigo.

Boris Kasparov llevaba varios años viviendo en España. Primero estuvo afincado en la Costa del Sol y actualmente reside en Madrid. Es uno de los líderes de un grupo organizado en los países del Este que tiene estructura en España. Se dedica a la explotación sexual de mujeres para su propio enriquecimiento y el de la organización. Su habilidad para captar mujeres vulnerables en situaciones límite, a través de Internet, ofreciendo buenos trabajos,  hacía que la mayoría cayera en sus redes.

La llevó por una puerta lateral, camuflada, donde se entraba  lo que era la vivienda de las mujeres que trabajaban allí ejerciendo la prostitución. Una habitación grande, con una serie de camas puestas a lo largo, un aseo y un espacio apartado con utensilios de cocina donde podían hacer algo para comer. Todo ello vigilado por un guarda de seguridad de la confianza de Boris. Gaby se sintió morir al ver aquello. Su primera intención fue escapar de aquel horror, pero viendo que no podía, su fuerza y su instinto de supervivencia la hicieron irse adaptando.

Había quince compañeras en las mismas condiciones que ella. Adelina, Sofía, Irina y Ángela eran ya veteranas y la pusieron al día de todo lo que allí tenía que hacer para poder sobrevivir.  Todas tenían una historia a cada cual peor. Eran de todas partes del mundo, iberoamericanas, africanas, ucranianas. Todas con una deuda interminable. 

Al día siguiente, sin dilación, Gaby tuvo que empezar a trabajar en la prostitución. Estaba extremadamente nerviosa y los zapatos de tacón, que le habían proporcionado, le hicieron  dos ampollas en los pies. Era consciente de que estaba a punto de cruzar una línea de la que iba a ser difícil la vuelta atrás. 

En una parte de la barra la estaba esperando un hombre de mediana edad, calvo y gordo. Se fueron  a uno de los reservados. El desnudarse delante de un desconocido fue uno de los momentos más duros. Lo que llegó después fue terrible y nada más terminar tuvo que salir al baño para vomitar. Se miró al espejo y observó su piel de puta llorando con un desconsuelo infinito.

Los clientes del bar eran en su mayoría hombres casados, con familia, que recurrían allí por ocio, diversión y como decían, para huir de la rutina. Varios clientes fijos a los que les gustaba conversar para que les escucharan y otros que deseaban el riesgo, demandando relaciones sexuales sin protección con el peligro que eso conllevaba. También iban jóvenes que salían de juerga en grupo y terminaban pagando si no habían conseguido ligar en toda la noche. Una comunidad variopinta en la que para ellos las mujeres eran meros instrumentos a su servicio.

Así se iban sucediendo los días y cada vez le costaba más tener que prostituirse. Las compañeras más veteranas la ayudaban en todo lo que podían al verla tan joven y tan vulnerable, pero ella tenía un pensamiento fijo en su mente, poder escapar. 

Una de las noches cuando acababa de empezar el trabajo,  vio al final de la barra del bar un cliente nuevo que le estaba haciendo señas con una mano. Era joven, de unos 35 años, delgado, de pelo corto. Se acercó a él y la invitó a una copa. Sus maneras y su forma de expresarse no eran habituales en aquel ambiente. Se fueron al reservado; cuando ella se dirigió al cuarto de baño, él le dijo que no había prisa y que lo que deseaba era que conversaran los dos. Se sentaron sobre la cama, y él se limitó a preguntarle de dónde venía y cómo había llegado hasta aquí. Gaby se sorprendió al comprobar lo bien que se había portado con ella en esta situación tan extrema. Le dijo que se llamaba Javier y quedó en volver a  verla.

Javier Díaz era inspector de policía de la Comisaría de Centro. Estudió la carrera de Derecho y después hizo las oposiciones a policía nacional, llegando a Inspector jefe. Le gustaba ir a la peluquería que estaba en la Plaza de España de la que era propietario Antonio Ramírez. Desde el primer momento, le gustó el resultado del trabajo con su pelo y comenzó a ir asiduamente, entablando los dos una relación de amistad mutua. De vez en cuando quedaban fuera del trabajo para salir a divertirse. A Antonio le gustaba escuchar las historias que Javier le contaba sobre su trabajo. Situaciones muy complicadas las que vivía el policía y su grupo, como la que tenían ahora entre manos, una investigación de trata y narcotráfico de un grupo criminal del Este. Siempre iba con prisas a la peluquería pidiendo que por favor le atendiese rápido.

—Antonio, necesito un corte de pelo pero ya.

—Tendrás que esperar  porque tengo otro cliente delante de ti, que, por cierto, es Jonás, tu compañero.

No sabe cómo se las ingenia Javier porque siempre convence a quien tiene delante y consigue la atención en primer lugar. 

Antonio llevaba dos años en Madrid. Se vino desde Córdoba, su ciudad natal, para establecerse en la capital. Le iba muy bien el negocio porque era un gran peluquero y tenía muy buena clientela al estar en un sitio estratégico de la ciudad, en pleno centro. De la comisaría de Leganitos tenía numerosos clientes y algunos amigos como Antonio, el inspector jefe.

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Gaby nunca había podido imaginar lo que se escondía detrás de un club de alterne. El dinero que generaban con las consumiciones era todo dinero negro y cobraban hasta el agua. Tres veces por semana tenían servicio de peluquería que no era gratis, les descontaban el importe del servicio. Esa tarde no llegó el peluquero que iba de manera habitual, entrando uno nuevo llamado Antonio, siempre bajo la mirada implacable del guarda de seguridad.

Cuando comenzó a peinar a Gaby le conmovió su cara de tristeza. No podía comprender cómo ella estaba en esa clase de vida.

—Creía que el venir a España iba a poder ayudar a mi madre y todo ha sido un vil engaño.

—¿No tienes padre?

—Nos abandonó cuando yo tenía tres años y nunca más supimos de él.

—Es una lástima que hayas caído en este lugar, habiendo otros trabajos.

—Para soportarlo, cierro los ojos y no pienso en nada. 

Después de finalizar el servicio de peluquería, Antonio con disimulo, entregó unos papelitos muy doblados a varias de las compañeras y por último a Gaby. En los papeles estaban escritos unos números que parecían los de un teléfono. Les dijo que tenían que memorizarlos  y  ponerse en contacto con ese número después de destruir los papeles. Aprovecharon la salida del guarda de seguridad que acompañó al peluquero a la puerta para llamar a ese número desde el móvil oculto que tenía Ángela en su cuerpo. La señal de llamada se hizo interminable hasta que al otro lado del teléfono respondió una voz varonil. Se dio a conocer y le dijo su nombre: Javier.

Días después, en los medios de comunicación, se podía leer: «Varios agentes de la policía nacional, de paisano, han desmantelado una red de trata que se encontraba en el bar de copas «El chupito» en una calle aledaña a la Gran Vía de Madrid liberando a 15 mujeres víctimas de explotación sexual».


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Encuentro

Lucía lleva muchos años viviendo en Grijalbo, un pequeño pueblo de la zona norte de Madrid en el que ella encontró la paz que, en aquel momento, necesitaba para poder conciliar su vida y su mente al venir de una relación muy tormentosa. Es de mediana edad, con ojos verdes, cara bonita, cuerpo armonioso y grácil al andar.

Cuando conoció a Sergio eran dos jóvenes amantes del baile. El día en el que ella ganó el primer premio del concurso de rock, en una famosa discoteca de la capital, él se acercó a felicitarla y la invitó a bailar. Fue amor a primera vista. Se quedó prendada de los ojos de Sergio, de su cuerpo atlético y flexible que la llevaba en volandas por la pista de baile, como buen profesional que era. Cuando llegó a su casa la madre de Lucía vio en sus gestos y en su mirada que algo le tenía que contar. Paquita, era joven aún, de belleza serena y ojos verdes que había heredado su hija. Se llevaban muy bien y Lucía le contaba todas sus confidencias.

—Lucía, tienes los ojos chispeantes. ¿Me cuentas qué te ha sucedido para estar tan alegre?

—Mamá, hoy he conocido al hombre de mi vida.

—Me alegro por ti, cariño —le dijo sorprendida—. Pero cuidado con los amores a primera vista que no siempre son lo que parecen.

El inicio de la relación fue como el cuento perfecto. Todo en Sergio era maravilloso. Atento, cariñoso y poco a poco se fue consolidando haciendo muy feliz a Lucía.

Rosa, la mejor amiga de Lucía, ya conocía a Sergio y cuando le contó que estaban comenzando a salir juntos, Rosa le advirtió de que hacía varios años que tenía pareja. Lucía se enfadó con su amiga. Estaba tan enamorada que no admitió esa posibilidad. Fue pasando el tiempo y la relación entre Lucía y Sergio siguió como el primer día, pero a Lucía le extrañaba que, de vez en cuando, él la llamaba, en el último momento, para anular la cita que tenían porque siempre le surgía algún imprevisto. También pensaba que nunca le hablaba de la posibilidad de comenzar a vivir juntos y siempre tenía excusas para llevarla a su casa.

La casualidad hizo que Lucía viese con sus propios ojos que en la vida de Sergio había otra. Fue en un centro comercial al que ella iba a menudo. Le vio cogido de la mano de una mujer, alta y delgada, de pelo rubio y algo mayor que él. Los vio de lejos cuando ya salían del centro. En ese momento, lamentó mucho no haber escuchado a su amiga Rosa, rompiendo, incluso, la amistad que tenían de tantos años.

Cuando Lucía le dijo a Sergio que le había visto con otra mujer, a él, en principio, le costó admitirlo con excusas y palabras huecas, aunque al sentirse presionado, le aseguró que estaba muy próximo el momento de dejar a su mujer. Aquello no llegó; sin embargo, Lucía estaba tan enamorada que siguió con él. Lo que al principio fue como un cuento, acabó convirtiéndose en una relación clandestina alimentada por las brasas de lo prohibido que con el tiempo dejó de serlo. Secretos, riesgo, pensando siempre en que podría haber mil ojos observando y cuando se quedaba sola pensaba que se estaba convirtiendo en una rutina esclava en la que nunca llegaría más lejos. Se estaba ahogando y a pesar de ser decidida y tenaz, le costó mucho tomar la decisión de dejarlo todo y marcharse. Su madre, siempre a su lado, le ayudó a que tomase esa decisión viendo el sufrimiento de su hija. Así fue como llegó a Grijalbo.

Ahora ella es feliz. Encontró a Roberto, un hombre atractivo, de complexión fuerte, cariñoso, amable, que le hizo la vida más fácil desde que le conoció. Él es bastante mayor que Lucía y vecino del pueblo. Se conocieron en el «Portalón», uno de los tres bares que hay en Grijalbo y al que le gustaba ir a Lucía por los bollos artesanos que tenían siempre en la vitrina del mostrador y la buena acogida que le dieron desde que llegó.

La primera vez que Roberto vio a Lucía le gustó su manera de moverse y la mirada de sus ojos verdes aunque tristes. Estaba sola en una mesa tomando uno de los deliciosos «croissants» que él traía a diario. Se dedica a la panadería y repostería y abastece a los bares y panaderías de la zona.

—Hola, buenos días —Se presentó Roberto—. ¿Le gusta la bollería que está tomando?

—Sí, me encanta, se nota que es artesanal y del día —le respondió Lucía con simpatía.

—Me llamo Roberto y soy yo quien hace estos dulces. Me alegra saber que le gustan. Con más ilusión los haré a diario para que vaya probando toda las variedades.

—Encantada —le dijo Lucía—. Pero no los hará solo por mí. Imagino que será para todos los clientes que acuden a degustarlos.

—Claro que sí, pero ahora, conociéndola, también los haré para usted.

Desde ese día, Roberto hacía todo lo posible por llevar sus productos a la hora que iba Lucía para coincidir con ella. Comenzaron a verse y los dos se sintieron atraídos a pesar de que ella aún no había conseguido olvidar a Sergio. Pero Roberto, con su bondad, su tolerancia y respeto, consiguió que Lucía se enamorase de él. Fue un amor pausado, sosegado, que con el paso del tiempo, desembocó en una unión de pareja. Una felicidad sin sobresaltos que a Lucía le vino muy bien para poder quitarse de la cabeza la relación anterior.

A menudo, por su trabajo, Lucía baja a Madrid y aún le resulta sorprendente ver cómo cambia el paisaje en cuestión de segundos. Disfruta, a su regreso, contemplando, desde la ventana del autobús de línea, como se van transformando los edificios de oficinas en montañas, cerros, extensas llanuras, adoptando una nueva configuración. Cada día se siente afortunada y feliz por haberse atrevido a cambiar de vida.

Una de las veces que ha tenido que bajar a la ciudad, entre la gente, creyó ver a Sergio. Tuvo que mirar dos veces para comprobar que era él. La juventud había ido pasando y ahora estaba cambiado. Más grueso, con menos pelo, pero era él. De repente, Sergio se vuelve, sus miradas se juntan y el mundo se detiene. Los ojos de Sergio y lo que decía su mirada no habían cambiado. Eran los mismos ojos que la enamoraron cuando le conoció.

Hasta ese momento, Lucía podía decir que era feliz y que todo iba bien, pero su corazón le estaba diciendo lo contrario. Sin embargo, después de haberse cruzado las miradas, cada uno continuó su camino. Lo que no vio Lucía en Sergio es que, al igual que ella, dos lágrimas le caían por las mejillas. Ella pensaba que había cerrado esa herida y, en ese momento, sintió que había sido en falso y comprendió que no estaba preparada para lo que acababa de suceder. Un sentimiento tan fuerte azotando su corazón como una ola embravecida. Regresó a su casa con sentimientos contradictorios. Agradeció enormemente que, al abrir la puerta, no estuviera Roberto. Necesitaba estar sola.

Desde aquel día, en las noches que no puede dormir, en la penumbra de su cuarto, teniendo a Roberto al lado, piensa que, aunque su corazón haya latido de una forma diferente, ella tiene a su compañero de vida que la ama por lo que ella es, que la respeta, que la valora y se queda con él, durmiendo a su lado, compartiendo sus abrazos, su cariño, su alegría de vivir, siguiendo con la vida con la que se siente tranquila y feliz.

«A veces el amor de tu vida llega después del error de tu vida».


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FELIZ NOCHE MÁGICA

Esta noche es la más mágica y esperada del año. Pequeños y grandes nos dejamos llevar por ella.

La ilusión es la palabra que mejor la define porque, aunque ya los mayores, sepamos más de sus majestades los Reyes Magos, nos queda siempre la ilusión. Esa sensación mágica que nos lleva de nuevo a la infancia y seguimos sintiendo la emoción cuando comprobamos que los demás se han preocupado también de nosotros al pedir a los Magos ese regalo que llevamos tiempo diciendo que nos gusta.

Deseo, desde este refugio que compartimos, a todos y a todas una feliz noche mágica donde lo más importante sea disfrutarla con los que queremos.


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«Lobo»

Para Luis el tiempo de la siesta en la finca que la familia tenía en la sierra madrileña le resultaba insufrible. Los primos dormitaban en las hamacas del frondoso jardín al compás de la suave brisa que movía las ramas de los árboles centenarios que ocultaban los rayos de sol e invitaban al sueño. Era el único momento del día en el que reposaban una vez que la doncella había retirado el servicio de comedor. La piscina era grande y solitaria pero no podía zambullirse en ella porque tenía que respetar las tres horas de la digestión. A Luis le gustaba estar en continuo movimiento ideando juegos y aventuras, al tener la libertad que no tenía en la ciudad. Para él era el sitio ideal. De vez en cuando, la doncella le daba conversación al verle andar de un lado a otro sin rumbo.

—Luis —le llamaba la tía Rosa—. ¿Por qué no te duermes con los primos y descansas?

—Tía, es que no me duermo y no me gusta estar tumbado —le rezongaba.

La familia era una de las más influyentes de la zona y el verano lo pasaban allí. Era una finca muy grande con mucho terrero y un jardín espléndido. Era la joya de la casa. Los jardineros lo cuidaban con mimo, eligiendo las semillas necesarias para que, en cada estación del año, lucieran bonitas plantas. Arbustos podados adecuadamente dando un efecto elegante. El camino que iba desde la casa al jardín estaba rodeado de flores y al pasar se percibían los olores de la dama de noche o de las rosas mezcladas con las dalias, dependiendo de la temporada.

A Luis le gustaba estar allí para jugar con sus primos en el monte, hacer rutas de senderismo o paseos en bicicleta. Al anochecer se iban a pescar, aunque casi nunca tenían suerte. Pero cuando pescaban truchas, carpas o barbos llegaban a casa celebrándolo por todo lo alto. En esa casa se sentía libre.

Una de las tardes de siesta en las que Luis paseaba sin rumbo se fijó en Rusky, el perro, de raza pastor alemán, que cuidaba la finca. Vio cómo salía por un hueco oculto detrás de la casa del servicio, alejándose en dirección a la montaña. Se fue detrás de él sin que el perro le pudiera ver. Le siguió hasta que, en un risco del monte, le perdió de vista regresando a la casa. Pensó: «ya tengo algo con lo que distraerme mientras los demás hacen la siesta».

A la misma hora del día siguiente, Luis, ya estaba escondido detrás de un arbusto para ver si el perro volvía a salir de la finca. Así fue. El perro salió por el hueco y se dirigió de nuevo hacia la montaña. En esta ocasión, Luis tomó más precauciones y consiguió seguirlo adentrándose, detrás de él, en el bosque, pero también lo perdió. Así ocurrió varios días más hasta que una tarde ya cansado de seguirlo y perderlo, se quedó descansando sobre una roca. Allí estuvo un buen rato disfrutando del impresionante paisaje rodeado de acebos y abedules, escuchando el agua de una cascada próxima, cuando vio, a lo lejos, pasar a Rusky.

Al fondo de la zona donde se encontraba había una especie de cueva en la que el perro se adentró. Luis se escondió detrás de uno de los árboles y pudo ver, en la entrada, a una perra recién parida con varios cachorros a su lado. Se quedó estupefacto. No obstante, su curiosidad le hizo adentrarse un poco más y vio claramente que era una loba dando de mamar a sus cachorros. Eran tres perritos recién nacidos. Los tonos de su pelo iban del gris oscuro al casi blanco. Escondido, observó como Rusky y la loba se marcharon dejando allí a los tres cachorros. Luis estaba emocionado al verlos tan solos e indefensos, decidiendo, en ese mismo momento, coger a los tres y llevarlos a la finca.

La vuelta fue rápida, con los tres entre sus brazos, mirando por todos los lados para no cruzarse con Rusky y la loba. Cuando llegó, fatigado, a casa y se dirigía a la zona del garaje, la tía Rosa, sorprendida, le preguntó: —Luis, ¿pero qué traes, y esos cachorros de dónde han salido?

—Tía, estaban solos en una cueva y me ha dado mucha pena —contestó justificándose.

—Coge la caja grande que hay en el trastero y la manta de cubrir el coche —añadió la tía. Raudo, Luis cogió la caja, se dispuso a meterlos en ella y se fue a buscar leche para alimentarlos. Caía la tarde cuando vio llegar a Rusky. Se le veía nervioso. Con su inteligencia envidiable sabía que algo poco habitual estaba sucediendo. No paró de recorrer los alrededores de la casa y olisquear por toda la zona.

La llegada de los cachorros a la finca fue todo un acontecimiento. La tía cedió a la sorpresa y facilitó lo necesario para que estuvieran bien, con la condición de que no podían estar allí más tiempo del necesario. Los primos no cesaban de cogerlos y estar a su lado. Se turnaban unos con otros para no dejarlos solos. Cuando el sueño les iba venciendo y se dirigían a sus habitaciones, comenzaron a escuchar, en los alrededores de la finca, ladridos y aullidos de perros y lobos. Esa noche nadie pudo dormir en la casa.

A la mañana siguiente, la tía Rosa le dijo a Luis que los cachorros no podían seguir allí y que él era el responsable de ponerlos en lugar seguro. Luis tenía claro que se iba a quedar con uno de los tres. Eligió al más oscuro, el que tenía el pelo casi negro y el que le cautivó con su intensa mirada. El capataz que ayudaba en la faena de la finca quiso quedarse con los otros dos.

Ese día, Luis, sí supo qué hacer después de comer. Se marchó a Madrid con el perro lobo. Al llegar a su casa, sus padres y sus hermanos, que ya conocían la noticia, le recibieron con toda la alegría y el cariño, deseando tenerle y cuidarle. No tuvieron ninguna duda para ponerle nombre. Su aspecto de pelaje corto y rasgos lobunos, eran evidentes. Todos coincidieron en que le llamarían «Lobo».

Cuando Luis llevó a Lobo al veterinario para hacer el correspondiente reconocimiento, el doctor al abrirle la boca para examinarle el paladar, comprobó que lo tenía absolutamente negro. Le informó a Luis de que el comportamiento de este tipo de animales puede ser muy primitivo recordando al de los lobos. No obstante, le dijo que al poder tener socialización y adiestramiento en edad temprana su adaptación sería muy buena.

Así sucedió. Aunque, en un principio, era desconfiado ante los extraños, sin embargo, una vez que los conocía, resultó ser una excelente compañía. Lobo fue el compañero ideal de juegos de Luis y de todos sus hermanos, demostrando una gran inteligencia y una energía desbordante. Con los años esa energía se fue transformando en tranquilidad. Le gustaba pasar muchas horas tumbado al lado de cualquier miembro de la familia que estaba cerca. Comenzaron a salirle canas en su pelaje y cada vez se fue volviendo más dependiente, necesitando más tiempo por parte de todos.

Con una fidelidad intacta hacia la familia, vivió hasta los 17 años sin complicaciones de salud, amado y querido por todos.


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Los mejores años de nuestra vida. Veranos en el Camping

Ya estamos instalados en nuestra parcela, la caravana en su sitio y sentados bajo los árboles que nos dan cobijo, sentimos verdadero placer. Siempre la llegada supone trabajo, sacar mesas, sillas, la ropa de las bolsas de viaje, abrir la caravana, instalar los toldos, pero todo ello merece la pena por el contacto con la naturaleza, una medicina natural que nos renueva por dentro y por fuera y que, cuando estamos aquí, nos damos cuenta de cómo la necesitamos. Playa, montaña, frutales, lonja…. Disfrutamos de todo de lo que habitualmente no hacemos…..

El momento de las duchas después de haber estado todo el día en la playa es divertido. Mi hija llega corriendo, coge la toalla y el gel para luego cambiarse y pasear por el camping con la bici. Desde nuestra parcela la veo pasar una y otra vez sonriendo y haciéndome guiños mientras vamos preparando la cena…..

Esta noche tenemos tertulia y celebración del cumpleaños de Montse. Una buena amiga, de Zaragoza, que tiene su caravana al lado de la nuestra y nos une una gran amistad desde hace muchos años…..

-Mamá, esta noche me gustaría ir con los amigos a la discoteca. -Me dice mi hijo que llega corriendo con mucha zalamería para que le dejemos ir-. Está en esa edad en la que no es lo suficiente mayor pero tampoco pequeño. Aquí, en este entorno seguro, sí le dejamos ir a la discoteca que está en el camping de al lado. Va toda la pandilla y aunque vengan más tarde no tienen peligro. Para él es toda una aventura ir descubriendo otro tipo de diversión. El momento, antes o después, acaba llegando….

-¡¡¡Tengo mucha hambre!! ¿Qué tenemos para cenar? -me pregunta mientras está con Raúl y Sevi merodeando alrededor-…..

Mañana comienza el campeonato de fútbol de chicas intercampings y allí estaremos, cuales forofos, animando a nuestra hija y a su equipo para que consigan ganar, un año más, la copa. Mi hija es una verdadera campeona que tiene un buen tiro por la escuadra con la pierna izquierda. El viernes estaremos de nuevo para animar a los chicos que también compiten. Mi hijo forma parte del equipo ganador de años anteriores. Son un buen grupo…..

Parece que fue ayer cuando llegamos, pero aquí los días pasan muy rápido. -Bienvenidos, familia. -Nos saludaban los amigos-. Tenemos muchas cosas que contarnos y hacer….

Las charlas a la medianoche en la playa bajo la luz de la luna siempre me han gustado mucho. Nos reímos, cantamos, charlamos con la libertad de no molestar dentro del recinto…..

Llega el sábado y tenemos, además del campeonato de fútbol de chicos, concurso de mises, actuación musical y baile…..

-Mamá, esta noche me presento al concurso de «Miss verano» con Susi, Adriana y Esther. -nos anuncia mi hija-. Son sus amigas más cercanas. Comienza, entre ellas, la preparación con la elección de vestido, maquillaje, peinado…. se lo pasan en grande…..

Hoy, domingo, hacemos paella, un ritual que tenemos en el camping al que no podemos faltar. Con los años hemos aprendido y somos unos expertos. El ruedo, la paella, el garrofó….

Todas las mañanas me gusta despertarme escuchando el ruido de los pájaros en los árboles y salir a preparar el desayuno en el silencio matinal. Ese momento del día es mi favorito. Sola, delante de una taza de café, un placer inmenso…..

Todos los días, después de comer vuelvo a la playa, relajada, en la tumbona, con mis amigas cerca. En el silencio de la siesta podemos sentir el ruido monótono de las olas que tropiezan en la orilla. Mientras, nuestras parejas se divierten haciendo campeonatos de mus. Tener aquí nuestros espacios personales y elegir cada uno aquello que nos gusta es importante para la relación. Según se va yendo la tarde, comenzamos a prepararnos para contemplar un momento irrepetible aunque se repita diariamente, los atardeceres en la playa. Espectáculo maravilloso ver cómo se junta en el horizonte el cielo y el mar formando colores rojizos y anaranjados que nos invitan a las confidencias…..

Esta noche tenemos la fiesta grande del camping donde se hace la entrega de premios de todos los campeonatos, con cena, música y baile. Tendremos que quitarnos el uniforme, es decir el bañador, y ponernos ropa de fiesta….

¡¡¡¡¡Riiiiiiinggggg, pipipipí, el sonido de un despertador!!!! Ohhhhh mis ojos se abren, se mueven hacia un lado y otro, mi cabeza da vueltas, el techo, la habitación, no son los de la caravana. Estoy en la cama de mi apartamento.