Cuando en la tarde-noche del domingo llegué a casa y encendí el televisor para ver las noticias, me quedé con el corazón encogido al conocer la terrible tragedia del accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba). La angustia se apoderó de mí y entonces comencé a sentir la fragilidad de la condición humana que irrumpe de repente y nos deja descolocados.
La posibilidad de que cualquiera de nosotros hubiéramos podido estar en ese lugar, al coger de una manera cotidiana el AVE, y no pensemos en el riesgo que acompaña nuestra vida, me hizo sentir un estremecimiento de cómo la vida nos puede cambiar en cualquier momento. A continuación, también me di cuenta del elemento del azar, que está ahí, pero debido al ritmo automatizado que tenemos diariamente, lo olvidamos. Tenemos que pararnos y pensar más en ello.
Por otra parte, me ha consolado mucho ver la solidaridad que se refleja en accidentes como éste. Querer ayudar, tiene un componente personal que ayuda a reducir la ansiedad y el malestar emocional al presenciar el sufrimiento y el dolor, proporcionando un sentido de utilidad ante la vulnerabilidad que acompaña a estas situaciones.
Mi reflexión, también, va dirigida a expresar mi más sentido pésame a todas las víctimas de esta tragedia, a sus familias y seres queridos. Con todo el apoyo y el cariño ante esta terrible realidad con que la vida nos sorprende.

20 enero, 2026 en 3:28 pm
Gracias por esta reflexión. Todavía hoy cuestan las palabras
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20 enero, 2026 en 4:20 pm
Gracias a ti, amigo. Cuestan las palabras. Abrazo.
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21 enero, 2026 en 11:48 am
Magnífica reflexión en un momento de tanto dolor
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