Isabel lleva más de 20 años pasando las vacaciones en el mismo sitio de la costa mediterránea española. Todos los veranos se hospeda en el mismo hotel, haciendo las mismas actividades y desarrollando un apego emocional y una conexión especial con el lugar y las personas que le hace volver todos los años. Pero este año le ha dado por pensar que no todos los veranos son iguales. Su edad, ya madura, la lleva a sentir que los veranos, al igual que la felicidad, son recuerdos, llegando a ese tiempo de la memoria que, sin quererlo, va hacia atrás acabando en algún instante de su juventud.
Recuerda una noche, en el mismo lugar de todos los veranos, disfrutando de la tranquilidad que reinaba en una terraza que ya no existe. Solo escuchaba el murmullo de las olas del mar rompiendo en la orilla y contemplando el paso de una estrella fugaz. Y otra noche de otro verano, en la misma terraza, a la orilla del mar, donde el bullicio y la algarabía reinaban por doquier. Estaba con sus amigas cuando llegó el camarero con una nota de parte de alguien que estaba en el otro lado de la terraza. Se quedó muy sorprendida mirando alrededor para saber quien podría ser. En la nota ponía «te espero a la orilla del mar en media hora». Le entró la desconfianza y pensó no hacer caso, pero algo le decía que podía hacerlo. Se despidió de las amigas y se dirigió a la orilla del mar donde le vio sentado sobre una toalla mirando al horizonte. La noche estrellada con la luna llena contribuían a ello. Se sentó a su lado y se presentó con un tímido «hola».
-Hola, me llamo Isabel, ¿ y tú?
-Hola, soy Ricardo y disculpa si te he molestado por no ir yo directamente, pero soy así.
Le contó que la había visto alguna noche más y le había llamado la atención su figura, la expresión de su ojos, y quería conocerla. Fue algo mágico lo que surgió entre ellos y a partir de ese momento, volvían los dos, cada noche, a verse en el mismo sitio hasta que finalizó el verano y no volvieron a verse más.
Isabel no había pensado mucho, a lo largo de los años, en aquel encuentro, pero ahora lo recuerda con algo de nostalgia pensando que son los mismos sitios y sin embargo, diferentes, llegando a la conclusión de que fue un verano inolvidable y siente que los veranos están hechos de momentos, cosidos unos con otros y solo puede encontrarlos ahondando en los recuerdos.
Se prepara en la habitación del hotel para salir a dar un paseo con las amigas. Tienen pensado ir a cenar al chiringuito, donde ella es asidua, muy cerca de la playa, en el que hay muy buen ambiente. Cuando llegan les está esperando el camarero que las acompaña a la mesa desde donde se contempla unas vistas maravillosas. La cena resulta muy agradable, compartiendo el sonido del mar, cuando rompen las olas, disfrutando de esos momentos. Al finalizar, se disponen a tomar una copa, cuando el mismo camarero le trae un sobre cerrado. Isabel le pregunta qué significa el sobre y el camarero le dice que se lo ha dado un caballero, que está en otra zona del chiringuito, expresamente para ella. Lo abre y ve una nota en la que pone «te espero a la orilla del mar dentro de media hora». Isabel no puede entender lo qué está pasando. Es el «déjà vu» de hace muchos años cuando le sucedió la misma historia. Pensó que no perdía nada en volver a repetirlo y caminó hacia la orilla del mar para ver de quien se trataba. El hombre ya estaba allí mirando hacia el horizonte. Era un señor maduro, de aspecto atlético, con pelo canoso. Las gafas que llevaba le daban un aire de intelectual. Isabel llegó a la orilla y se presentó. Cuando sus miradas se cruzaron, descubrió que era Ricardo con unos cuantos años más. Se quedó muy sorprendida al verle y fue él quien inició la conversación.
–Hola, Isabel, soy Ricardo ¿te acuerdas de mí?
-Hola, Ricardo, sí que me acuerdo de ti a pesar de hacer tantos años que no nos vemos.
En ese momento, comenzó de nuevo la magia y se quedaron hablando, durante toda la noche, sobre su primer encuentro contándose todos los avatares que después tuvieron a lo largo de la vida. Volvieron a verse todos los días compartiendo momentos inolvidables, pero en esta ocasión, se acabó el verano y siguieron viéndose consolidando su relación.
Isabel ha decidido dejar a un lado la nostalgia y vivir intensamente este amor tardío que ha llegado al otoño de su vida dispuesta a disfrutar lo que no ha vivido con satisfacción y ratificando que sí hay veranos diferentes.

«Después de tanto tiempo volviste a aparecer en mi vida y removiste todo aquello que sentía por ti».
12 febrero, 2025 en 8:51 pm
Marylia es una historia preciosa querida amiga, no sé si tendrá su parte de realidad, pero es muy bonito. Hay amores que se creían olvidados y de repente parece que todo vuelve a despertar.
Me ha encantado.
Un fuerte abrazo.
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13 febrero, 2025 en 8:30 pm
Muchas gracias, querida amiga. Es una historia de ficción, pero creo que en la vida pueden ocurrir segundas oportunidades. Me alegra mucho que te haya gustado, eres un amor. Un fuerte abrazo y gracias.
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12 febrero, 2025 en 9:36 pm
Qué historia tan hermosa y entrañable, Mariia, está llena de nostalgia y de segundas oportunidades. Isabel ha descubierto que, aunque los lugares parezcan los mismos, los veranos nunca son iguales, porque nosotros tampoco lo somos. Su reencuentro con Ricardo es un recordatorio de que el tiempo puede transformar los recuerdos en nuevas oportunidades. Qué bonito es saber que, a cualquier edad, la vida aún puede sorprendernos con capítulos inesperados y llenos de magia.
¡Que disfruten este nuevo verano juntos!
Un fuerte abrazo 🌷
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13 febrero, 2025 en 8:37 pm
Querida Yvonne, me alegra mucho tu visita y muchas gracias por tus palabras. Efectivamente, es bonito saber que siempre hay sorpresas y segundas oportunidades en la vida. Es todo un honor viniendo de ti.
Un fuerte abrazo y gracias de nuevo.
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12 febrero, 2025 en 9:55 pm
Guauuu, me ha encantado. Y es que la vida nos reserva sorpresas, en los mismos lugares o en el mismo corazón
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13 febrero, 2025 en 8:39 pm
Así es, amigo. Seguro que a ti también te sorprende la vida para bien. Muchas gracias por tu visita y me alegra que te haya gustado. Un abrazo.
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12 febrero, 2025 en 11:52 pm
Hermosa historia querida amiga. Llena de romanticismo, e intriga por llegar al final, Abrazo
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13 febrero, 2025 en 8:42 pm
Muchas gracias, querido amigo por tu visita y tus palabras. La vida, en ocasiones, nos sorprende. Un fuerte abrazo.
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14 febrero, 2025 en 11:02 pm
Muy bonito relato.
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16 febrero, 2025 en 5:20 pm
Muchas gracias, amiga, por tu visita y me alegra mucho de que te haya gustado. Un abrazo.
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16 febrero, 2025 en 5:24 pm
Preciosa historia 💯😻
Feliz tarde 🙏
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16 febrero, 2025 en 5:27 pm
Muchas gracias por tu visita y me alegro mucho que te haya gustado. Igualmente para ti, feliz tarde 👍🌹🌹😘
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16 febrero, 2025 en 5:27 pm
🌷🌸💮🏵️
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20 febrero, 2025 en 7:45 pm
¡Esos veranos, llenos de preciosos recuerdos, de noches junto al mar…! Es tan evocador el relato que hasta se nota el susurro de las olas rompiendo en la orilla y la música a distancia como un murmullo… Muchas gracias, querida Marylia. Un abrazo grande, grande.
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20 febrero, 2025 en 8:09 pm
Muchas gracias a ti, querida Bárbara por tu visita y tus comentarios tan lindos. Un fuerte abrazo.
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21 febrero, 2025 en 12:04 am
Disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces. Y si ese recuerdo se vuelve realidad de nuevo, es como una sorpresa que nos tiene reservada el destino, es la mejor oportunidad que podemos aprovechar en el otoño de nuestra vida. Precioso relato Marylia. Un abrazo.
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21 febrero, 2025 en 7:15 pm
Así es, amigo, los bellos recuerdos se viven dos veces y si uno se vuelve realidad, como le ha pasado a nuestra protagonista, hay que aprovecharlo. Muchas gracias por tu visita y me encanta que te haya gustado. Un abrazo.
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22 febrero, 2025 en 12:35 am
El amor no sabe de tiempos y siempre nos sorprende. Un placer leerte. 🤗👏
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22 febrero, 2025 en 9:54 am
Muchas gracias por tu visita y tus comentarios. El placer es mutuo. Me encanta leerte.
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22 febrero, 2025 en 2:16 pm
¡Gracias a ti por tan cálido mensaje! Siempre es un gusto interactuar contigo y compartir ideas. Me alegra saber que disfrutas de mis aportes tanto como yo disfruto los tuyos. Espero seguir leyendo tus comentarios y aprendiendo de tus perspectivas. ¡Un abrazo!
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22 febrero, 2025 en 3:47 pm
Igualmente, un abrazo grande. Ha sido una suerte coincidir.
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