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La vida y otros cuentos

Descubrimientos en tiempos de coronavirus «Vulnerabilidad»

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Cuando vi los ojos de Marina entendí que algo no iba bien. Ella es una mujer a la que le hablan los ojos, son el espejo de cómo se siente en cada momento. Y ahora, cuando el resto de la cara se esconde bajo la mascarilla, esos ojos hablan más que nunca. Ese día los tenía tristes y apagados.

—Me siento rara, algo cansada. —Me contestó al preguntarle cómo se encontraba.

—Será el cambio de tiempo, Marina. Sabes que el cambio de estación siempre afecta y el otoño está llegando. —Le dije para animarla.

—Quizás, pero a mí nunca me ha pasado anteriormente. —Me confesó en un tono triste y temeroso.

Seguimos charlando en el café donde a menudo nos encontrábamos para contarnos nuestras cosas. Nos gustaba ir allí. Es un sitio pequeño, acogedor, con pocas mesas que guardan la distancia de seguridad, geles hidroalcohólicos por varias zonas del local y un ambiente muy agradable. Siempre nos sentábamos en una mesa que daba a un gran ventanal, semiabierto a pesar del frío, donde podíamos ver el ir y venir de la gente. Nos pedimos «lo de siempre» como le decíamos al camarero que ya nos conocía y sabía de nuestros gustos por el buen café y la bollería que hacen artesanalmente.

Estuvimos hablando de lo cerca que están las navidades, de los planes que tenía con su pareja, Daniel, con quien lleva tres años compartiendo su vida. Siempre les ha gustado pasar la fiesta de nochevieja fuera de España, pero ahora con la pandemia, prefieren pasar las fiestas en casa.

Una conversación agradable como siempre que estaba con Marina, pero en esta ocasión estaba dispersa, con el pensamiento en otro lado. Ese día no estaba allí conmigo. Nos tomamos el café y nos despedimos con un abrazo de lado, sin besos, y con la promesa de volver a vernos pronto.

Al día siguiente, recibí una llamada de Daniel diciéndome que Marina se encontraba en el hospital por haber dado positivo en Covid. Al no tener fiebre y pocos síntomas, la enviaron a casa. Él había dado negativo, no obstante, tenía que permanecer aislado durante diez días. Me quedé perpleja, no supe reaccionar, no podía imaginar que ese cansancio que tenía Marina pudiera desembocar en esta enfermedad tan temida que nos asola. Ella tiene la vacunación completa y siempre ha sido prudente en los contactos y en las salidas. Desde que empezó la pandemia nos hemos visto siempre fuera o en sitios concretos y muy bien ventilados.

Al haber sido contacto estrecho de Marina, yo también me tenía que hacer las pruebas y confinarme en casa. Y así empezó el viaje del coronavirus. Médicos, pruebas de antígenos, pcr, aislamiento y ese miedo que se nos mete dentro y nos atenaza sin capacidad de reacción. Por suerte, a mí, las dos pruebas me dieron negativo. No obstante, tuve que estar aislada en casa durante 10 días.

A pesar de todas las precauciones, un día, de golpe, llega el maldito virus y nos encontramos desnudos frente a él con el temor de no saber cómo va a reaccionar nuestro cuerpo. Comienzan una serie de emociones en las que vamos de la alegría a la incertidumbre, de los planes a la decepción. Esa sensación de volver a pasar por días y noches en los que no sabemos qué hacer.

Cuando pensábamos que las conversaciones a través de una pantalla ya habían pasado, nuevamente Internet ha sido clave para ello. La frase «Todo va a salir bien» tan repetida en el tiempo de confinamiento del pasado año también ha vuelto a cobrar fuerza y a repetirla diariamente en nuestras conversaciones telefónicas o por WhatsApp.

El día en el que pude ver la carita de Marina a través de videoconferencia fue fantástico.

—Hola, amiga, —me dijo con la voz algo débil—. No sabes cómo te he echado de menos.

—Marina, qué bien poder vernos aunque sea a través de la pantalla.

Nos miramos emocionadas, observándonos, como queriendo confirmar que estábamos bien.

Pasados los diez días a Marina le dio la pcr negativo y poco a poco fuimos retomando la «nueva normalidad» con la que llevamos conviviendo más de un año. Hemos vuelto a nuestros encuentros y a nuestras confidencias en el café que tanto nos gusta, siendo conscientes de la vulnerabilidad que tenemos ante el virus aún sin ser personas de riesgo y estar vacunadas.

Debemos seguir cuidándonos porque la pandemia se sigue paseando por las calles y plazas indiscriminadamente. Debemos estar fuertes para no caer en sus redes y las vacunas son primordiales para ello. Porque queremos que esto termine, cuidémonos entre todos.

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Autor: marylia4

Madrileña, aficionada a escribir, socialista, cinéfila, amante de la música, cocinitas, inquieta, decidida, curiosa por la vida..... y otros cuentos.

9 pensamientos en “Descubrimientos en tiempos de coronavirus «Vulnerabilidad»

  1. Avatar de azurea20

    Menos mal que todo ha salido. Con cuidado, pero a seguir difrutando de esos encuentros. Disfrutar de la amistad es uno de los regalos mas bonitos de la vida. Un abrazo, marylia.

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  2. Avatar de Sabius

    Este «bicho» está en cualquier lugar por mucho que nos cuidemos. Me alegro de que ambas estéis bien y retomando vuestra cercana y hermosa amistad. Salud y un abrazo.

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  3. Avatar de sercan455

    Por suerte has tenido un buen final amiga. ¡Felices fiestas! Cuídate Abrazos

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