Italia, Italia…. La primera vez que visité ese país, hace algunos años, tuve la sensación de sentirme como en casa. Y, en esta ocasión, me ha sucedido lo mismo. El idioma tan parecido al nuestro, la calidez y el trato tan cercano de sus gentes, han hecho llegar a mí esa misma sensación de antaño. Y qué decir del arte que se respira por todos sus rincones.
Llegamos a Milán expectantes después de un vuelo muy agradable.
Día 1.- Venecia. De buena mañana, dispuestos a descubrir Venecia, capital de la región del Véneto, con la mirada expectante ante esta ciudad única.
Un destino mágico completamente diferente a lo que hasta ahora hemos visto. Impacta ver la Gran Laguna o también llamada el Gran Canal, situada entre la tierra firme y el mar abierto. Hacemos un crucero por los alrededores para ver algunas de las 121 islas que rodean Venecia, para después desembarcar y dirigirnos hacia la Plaza de San Marcos, pasando por el puente de los suspiros, suspiros no por amor, sino por los que daban los presos cuando les conducían hacia la prisión. Venecia tiene una historia muy interesante desde su fundación allá por el año 421, cuando sirvió de refugio para los habitantes del Véneto expulsados por los ostrogodos y lombardos, haciendo la ciudad de Venecia. Fue república independiente hasta que fue tomada por Napoleón que la cedió a Austria y pasó a ser parte de Italia en el siglo XIX.
La Plaza de San Marcos se encuentra en el corazón de la ciudad. Es la única a la que denominan «Piazza», al resto las llaman «Campos». Es el lugar más bajo de Venecia por lo que cuando está el «acqua alta» es el primer lugar en inundarse. En esta plaza se respira arte por todos sus lados. Allí se encuentran la Basílica de San Marcos, el Campanile, la Torre del Reloj y el Palacio Ducal. En estas joyas arquitectónicas se aprecia el estilo gótico veneciano con influencia oriental. Todo un descubrimiento para los sentidos.
Otro de los descubrimientos ha sido el paseo en góndola por sus canales. Una experiencia inolvidable. También el disfrutar de un paseo caminando por sus calles en tierra firme, atravesando los numerosos puentes en un laberinto de callejuelas y, cuando menos te lo esperas, desembocar en maravillosas iglesias o palacios. A resaltar el puente Rialto desde donde hay unas vistas impresionantes del Gran Canal.
Podría estar escribiendo sobre Venecia horas para transmitir todo lo maravilloso que guarda esta ciudad, pero voy a ir avanzando porque lo que viene tampoco se queda atrás.
Día 2.- Padua y Pisa. Padua es una ciudad a 40 kms de Venecia, también de la región del Véneto, que se desarrolló en la cuenca del río Brenta que comunica con la Laguna de Venecia. Las dos ciudades se complementaron hasta la llegada de Napoleón. Padua tuvo la primera universidad de Europa donde los venecianos de la época se trasladaban para cursar sus estudios. Unas de las plazas más bellas que he visto en esta ciudad, se llama Prato della Valle, siendo la más grande de Italia, y está rodeada por un pequeño canal que se complementa con 78 estatuas de hombres ilustres.
Desde la plaza vamos caminando hacia la Basílica de San Antonio de Padua levantada en el siglo XIII con una fusión de estilos gótico bizantino y morisco que en determinados momentos, sobre todo visitando el claustro, me he sentido transportada a la Alhambra de Granada.

No podían faltar unos ricos cafés en uno de los lugares más famosos de la ciudad, el café Pedrocchi.
Seguimos nuestro viaje a Pisa. Esta preciosa ciudad ya la conocíamos y volvemos a ella para disfrutarla nuevamente. Se encuentra situada en la vertiente tirrena, muy importante en la época romana. Pasa por ella el río Arno compartido con Florencia y Siena. Su Plaza de los Milagros, una joya de Pisa, construida entre los siglos XI y XIII, donde se encuentran los cuatro monumentos más importantes de la ciudad, el Duomo, La Torre inclinada, el Baptisterio y el Campo Santo, un referente del arte medieval en el mundo. Paseamos por sus calles, curioseando por sus mercadillos y comemos en uno de los típicos restaurantes. No podemos resistirnos a los riquísimos helados italianos.
Día 3.- Florencia. En ruta por la región de La Toscana, llegamos a su capital, Florencia. Qué decir de Florencia, otra joya italiana que nunca nos cansaremos de ver. El Duomo Sta. Mª del Fiore, terminada en 1887, merece contemplar su belleza durante un buen rato, El Campanile Giotto, el David de Miguel Ángel en la Galería de la Academia, el Baptisterio donde están las Puertas del Paraíso.
Un poco más abajo de la Piazza del Duomo, paseando por sus calles, nos encontramos con el mercado de San Lorenzo, el «San Miguel italiano« que digo yo. Un mercado para visitar, comer, tomar el aperitivo o comprar las «delicatesen» italianas que allí venden, un lugar fantástico recomendado por nuestros hijos que anteriormente estuvieron por aquí. Otro de los mercados imprescindibles que visitar es el mercado del Porcellino donde se pueden comprar objetos de madera, cuero y piel. Este mercado tiene un detalle muy interesante que viene de una tradición florentina, acariciar el jabalí que allí se encuentra, ponerle una moneda en la boca haciendo el recorrido y que caiga en el agua, para que el deseo pedido se cumpla.
Uno de los descubrimientos que más me sorprendió en esta visita a Florencia fue que cualquier sitio de la ciudad sirve de lienzo para hacer sus pinturas los pintores callejeros.
Otro lugar para disfrutarlo paseando es el puente Vecchio. Ver el atardecer y relajarse escuchando la música de los artistas callejeros que por allí hay es toda una experiencia mágica. Es el puente de piedra más antiguo de Europa que queda en pie. Es una de las zonas más comerciales de Florencia sobre todo en joyas y artesanía. En un tiempo fue lugar de carniceros y matarifes pero en 1593 se les prohibió estar allí por el mal olor que producían sus actividades y a raíz de ello los vendedores de oro y joyas tomaron su lugar. También es famoso por los miles de candados que las parejas han colocado allí para que su amor inquebrantable quede representado tirando al río las llaves y quedando así cerrado para siempre.
Lugares como la Piazza de la Signoria, el Palazzo Veccio, la Galería Ufizzi, iglesias como Sta. Croce y Sta. María Novella, hacen de Florencia un lugar único donde querer volver de nuevo.
Y para terminar la visita a Florencia, aconsejo sentarse en uno de los cafés de la Plaza de la República y contemplar como la vida pasa por la plaza. Toda una belleza.
Día 4.- Siena y Asís. Hoy nos dirigimos a otros dos lugares maravillosos como son Siena y Asís. A través de los cristales del autobús vemos un paisaje con campos de vides donde se hace el vino típico de la región, el de Chianti. El vino más famoso de La Toscana.
Llegamos a Siena, una ciudad de las más importantes de la Toscana, fundada por los hijos de Remo sobre las tres colinas que ocupa actualmente, famosas por sus arcillas y pigmentos. En la Piazza del Campo es donde se celebra el evento más famoso de esta ciudad: La carrera del palio, una carrera de caballos de origen medieval que enfrenta los diferentes barrios que hay en la ciudad. La competición se celebra dos veces al año en los meses de Julio y Agosto y se juntan entre 40 y 50.000 personas.
Callejeando por sus calles empinadas llegamos a la Catedral o Duomo de Siena. Capítulo aparte merece esta joya artística cuya fachada data del año 1300. Todo el suelo es de mármol, con escenas del antiguo y el nuevo testamento. Impresionante por dentro y por fuera.
Y de la región de la Toscana pasamos a la región de Umbría donde pertenece la ciudad de Asís, otra ciudad medieval que se encuentra en lo alto de las colinas de la región y cuyo patrimonio artístico es de lo más impresionante que hemos visto.
Asís está unida a la leyenda de San Francisco. Fundó la orden franciscana y comparte honores con Santa Catalina como santo patrón de Italia. Al ser una ciudad pequeña se puede ver toda ella a pie desprendiendo mucha paz en todo el recorrido.
Paseando por sus calles se llega a la Basílica de San Francisco de Asís que cuenta con dos iglesias, la menor y la mayor y es uno de los espacios pictóricos más impresionantes de Europa. Pude fotografiar, sin que me viesen, estas joyas pictóricas.
Días 5-6-7.- Roma. Llegamos a Roma, «ciudad eterna» como es conocida esta gran ciudad. Yo no sé como definirla porque es difícil hacerlo en unas cuantas letras y en unas cuantas fotos. Pero procuraré hacerlo de la mejor manera posible.
Hoy tenemos día libre para ver la ciudad. Nos hemos juntado vari@s compañer@s del grupo para disfrutar de este día de domingo maravilloso. Roma es una ciudad para caminar por ella, creo que es la mejor manera de verla. Comenzamos nuestro recorrido en la Piazza Venecia dirigiéndonos hacia los foros imperiales para llegar al Coliseo, Foro Romano y el Palatino. Sobran las palabras cuando contemplamos el gran Coliseo, símbolo de la vida en la antigua Roma, del poder de los Emperadores y de la perdurabilidad de la «Ciudad Eterna». Los restos palatinos también son de gran importancia porque se dice que fue allí donde empezó todo y desde donde Roma comenzó a construirse. El foro romano fue el corazón de la ciudad y está cargado de recuerdos de aquella época. Sugiero verlo con guía o (audio-guía) para enterarse bien de toda su historia.
Como ya he comentado, Roma es para «pisarla». Recorrerla a pie es muy gratificante. Bien es cierto que se necesitan muchos días para hacerse una idea de lo inmensa que es. Más de 450 iglesias, más de 1000 palacios históricos, hacen a esta ciudad única por su patrimonio para la cultura occidental.
Seguimos el camino con un día radiante y algo caluroso, hacia el Campo de Fiori, una zona popular de las más animadas de Roma. En el camino por la Vía del Corso nos vamos encontrando con diferentes monumentos, obeliscos e iglesias a cada cual más bellas. Allí reponemos fuerzas comiendo en una pizzería «La Montecarlo» recomendada y absolutamente recomendable.
Una vez que hemos bebido, hemos comido, hemos probado seguramente las mejores pizzas de Roma y sobre todo nos hemos reído y divertido, seguimos con nuestro paseo por Roma, ahora hacia la Plaza Navona, una de las plazas más bonitas de la ciudad, un espacio grande, animado y que también sirve de punto de reunión para los romanos.

Mención aparte merece el puesto de castañas que nos encontramos en la Plaza. Dimos buena cuenta de ellas y estaban deliciosas.
Durante la tarde, caminando, llegamos al Pantheon de Agripa, la Fontana de Trevi, la Plaza de España, contemplando arte en cualquier rincón que nos parábamos y que sería interminable reflejar aquí.

Os podéis imaginar como llegamos al hotel.
¡¡¡Exhaustos!!!!
Los días siguientes, ya con nuestro guía de viaje y con todo el grupo, resultaron francamente interesantes, empapándonos de historia, de lugares maravillosos, callejeando por sus calles estrechas lejos de la monumental Roma para descubrir cada vez que dabas la vuelta un monumento nuevo lleno de arte.
Os preguntaréis que a estas alturas de la crónica del viaje y estando en Roma, no haya comentado nada de la Plaza de San Pedro, o del Vaticano y sus museos. Pues, vamos a ello.
Tengo que deciros que a pesar de que ya habíamos estado otra vez en el Vaticano, resulta impactante ver la gran Plaza de San Pedro con sus columnas rodeándola. En esta ocasión estaba ocupada con sillas para algún evento.
El interior de la Basílica no se queda atrás del impacto visual. Sus altas columnas con sus bóvedas y su cúpula iniciada por Miguel Ángel. En ella se encuentra la Piedad también de Miguel Ángel. Sus amplios pasillos centrales y laterales hacen que se pueda disfrutar mejor de todo el arte que esta Basílica encierra.
El impacto continúa cuando nos dirigimos a ver los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina. Impacto no solo por el arte que allí se muestra si no por la inmensa cantidad de gente que vamos en todo el recorrido. Esto hace que no nos hayamos podido detener en los distintos espacios el tiempo suficiente para disfrutar de sus galerías de pinturas al fresco de mapas, de la colección de tapices, esculturas etc.
Capítulo aparte merece la Capilla Sixtina, uno de los mayores tesoros de Roma. Miles de personas pasando por ese lugar a la vez, con empujones, a ver quien se coloca mejor y más tiempo para contemplar esa obra de arte. Una decepción absoluta pagar para no poder disfrutar del arte que allí se concentra. Según los datos que se dan son 20.000 personas diarias las que acceden a estos lugares. Imprescindible la bóveda de la Capilla Sixtina hecha por Miguel Ángel, una maravilla del Renacimiento y una de las obras pictóricas más complejas de toda la historia del arte.
Y llega el día de la despedida. Nos vamos con la sensación de haber estado en una ciudad muy relevante y que ha influenciado de manera muy importante en el devenir de la historia. Y con la ilusión de poder regresar porque nos queda mucho por descubrir en esta «ciudad eterna«. Cumplimos con el rito de echar la moneda a la Fontana, con lo cual, volveremos!!!
Y finalizo, contando que una de mis mayores aficiones es viajar. Creo que viajar es necesario para abrir la mente y sentirnos viv@s. En este viaje hemos coincidido un grupo muy variopinto del que hemos sacado buenas amistades y nos hemos divertido mucho. No solo nos traemos fotografías, paisajes, vivencias, también regresamos con compañer@s que a partir de ahora forman parte de nuestra vida.
«A presto», Italia!!